El Mediterráneo en una ventana

Alejandro Marcos Ortega

Mi Barcelona querida,

¿Cómo empezar esta carta que debí haberte escrito hace ya tiempo? Quizás siendo sincero, diciéndote que te pienso muchas veces cuando soy Madrid, cuando estoy en Madrid. Diciéndote, quizás, o también, que no hay vergüenza en ello ni ningún reproche por parte de Madrid. Madrid, la verdadera, la de la gente que no es de Madrid, nunca hace reproches. Madrid es una señora de pueblo a la que le encanta tener a gente viviendo en su casa.

Pero ya me estoy yendo, ¿ves, Barcelona? Qué difícil poner una detrás de otras todas las cosas que quiero decirte y que no salgan todas de golpe como los niños un viernes a la salida del colegio. Quizás sea mejor retomar. Te pienso mucho. Sobre todo desde que empezó la cuarentena, tengo la impresión de verte reflejada en el cielo de Madrid. Deberías saber que el cielo se ha vuelto muy azul, como si fuera el mar. Es sorprendente que el mar sea sinónimo de azul cuando todos sabemos que el agua no tiene color, que ese azul es el del cielo que se refleja, como el cielo que veo en Madrid y que no es el de Barcelona ni el mar. Como yo, que no soy de Madrid ni de Barcelona y me reflejo en ambas. Es curioso. Las cosas que no son y a la vez son más incluso que las propias cosas que reflejan. Total, que aquí el cielo es nuestro Mediterráneo. Sí, lo sé, qué pobre gente. Pero tendrías que ver el cielo de Madrid cuando ha llovido o ahora que no hay apenas contaminación. A Madrid la cuarentena le ha sentado bien. Como un lavado de cara en el que se ve lo castellana que es. Si hubiera un lugar perfecto, seguramente tendría tu mar y este cielo, Barcelona. Tan azul. El cielo que pintan los niños en los dibujos.

Decía antes que es curioso cómo hay cosas que no son y se reflejan y eso es lo que me pasa contigo desde que te conocí cuando era un mocoso. Siempre he tenido alma de ciudad costera y cuerpo de secano, tan raro como tú, tan rural y tan cosmopolita como Madrid. Cuando estoy en ti me siento más yo mismo casi que en casa, quizás porque no tengo que dar explicaciones o porque no esperas nada de mí. Para mí, Barcelona, eres calle, eres perderme y pasear. Pasear como si quisiera matar el tiempo, algo que nunca me permito en Madrid. Aquí siempre hay que ir de un sitio a otro, corriendo, contigo no. Y me sienta bien tu tranquilidad. Siempre que no me acerque a los turistas (qué tranquila debes estar ahora, qué bonito sería pasearte con este tiempo).

Quizás eso de tener varios hogares sea algo que compartimos todos los emigrantes o los hijos de emigrantes. Aquí en Madrid es muy habitual preguntar eso de ¿de dónde eres? cuando conocemos a una persona. Porque nadie es de Madrid aparentemente y, a la vez, es precisamente esa gente la que hace a Madrid ser cómo es. Y no se nota porque todos estamos mezclados y somos igual de madrileños.

Madrid te deja ser de Madrid y a la vez ser de otro sitio, como yo, que soy madrileño, leonés, soriano y siempre me he sentido además un poco barcelonés. Quizás serías la única ciudad por la que cambiaría Madrid. Y eso es mucho decir, querida, mucho.

Te escribo esta carta solo para decirte que no me he olvidado de ti, que te pienso. Que serás el primer sitio al que vaya cuando pueda ir. Que espero que estés tan bonita como siempre, tan especial, con ese mirar al mar tan melancólico, como si fueses las gradas de un anfiteatro. Me gusta imaginarme llegando a ti sin que te des cuenta, tan pendiente estás del Mediterráneo, y mezclarme contigo antes de que lo notes; girarme yo, quizás también sin darme cuenta, hacia el mar, desde la cuesta de tus montañas, desde tus barrios y callejuelas y darme cuenta de que, en realidad, hace mucho tiempo que estoy allí, aunque siga encerrado en mi casa.


Estudió periodismo y el Máster de Narrativa de Escuela de Escritores. Trabaja como profesor del Itinerario de Literatura Fantástica, del Itinerario de Novela y en el Máster de Narrativa. Con Orciny Press ha publicado las novelas El final del duelo y Vendrán del este.

Comentarios

  1. M’ha agradat recórrer les topografies de l’ànima de Madrid i Barcelona, en el teu text i en tots els que he pogut llegir (39, Déu-n’hi-do) gràcies a aquest projecte que ens ha agermanat per les paraules. Ha estat un autèntic plaer. Enhorabona!

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