Menos mal

Rosario López

Querida Barcelona, son las 14:17. Me siento en esta parte de la ventana donde da el sol para comer. Es el salón al que me reduzco ahora. Con vistas al patio de luces: las mismas toallas; la camiseta negra con el muñeco del semáforo. Me aprendo cómo tiende el vecino, sus maneras, despacio, la vida […]