Una semilla de mandarina

Chiki Fabregat

Hola, Barcelona.

Hoy he plantado una semilla de mandarina. El cielo limpio de Madrid, las calles sin coches, el silencio de mi patio, que solo se rompe a las ocho, el contacto aislado de virus y de tacto que supone la pantalla… me ahogan, lo confieso. Necesito algo que eche raíces, en sentido literal. Siempre lo hago, cuando la vida se me queda un poco grande y me hace arrugas, planto un esqueje. Otros trazan círculos en el aire o acarician un recuerdo o se atiborran a helados. Yo planto esquejes. Suelen ser trocitos de plantas que corto aquí y allá, porque comprarlas no es vida nueva, es mudanza, y cortar un pedacito de rama es hacer que la vida rebose y caiga donde quiera, pero ahora no tengo cómo. No tengo dónde. Y estaba yo como que me faltaba algo, sin saber bien qué, cuando me he comido una mandarina y he estado a punto de morder la pipa. Menos mal que me he dado cuenta justo antes de apretar del todo los dientes, porque la semilla es amarga. A veces, de eso va todo, de apretar los dientes ante los sabores amargos. Y otras no. Hoy tocaba no. Tocaba sacarlo de la boca, lavarlo bien, dejarlo secar entre dos papeles y enterrarlo luego en una maceta. Sé que crecerá. Y lo que crece así, en días raros, en ambientes hostiles, sale verde y grande y fuerte. Y enraíza.

Es una pena que, justo hoy que quiero escribirte, haya plantado un huesecillo, porque si hubiera, qué te digo yo, subido a la luna, ahora estaría escribiéndote con metáforas gordas y redondas, pero hoy vivir es solo una metáfora manida. No he subido a la luna, no. Ni siquiera he bajado a la calle. De las hojas que nacerán o de cómo romperán la tierra para abrirse paso no voy a hablar por no ahondar más en el tópico y porque lo que de verdad estoy deseando es comprobar si huele como huelen los árboles con fruto. Si huele a Mediterráneo. ¿Te imaginas? Mi piso cuadrado, sin balcón, convertido en huerto de mandarinas y lo que antes olía a relojes, a calendarios, a fechas de entrega, a deseo de fin de semana en unos meses sería un picor en la nariz, porque eso es lo que me pasa con los cítricos, que me pica la nariz como si fuera a estornudar y no estornudo. También a eso podría acostumbrarme.

Aunque te confieso que he hecho trampas. Mi semilla crecerá porque la he besado. Ha sido un beso íntimo, la he tenido dentro de la boca y después la he puesto a secar. Lo he visto en un vídeo que explica cómo plantarla, pero no era por eso, todo el mundo sabe que solo es cuestión de tierra y agua sin ver tutoriales en internet. Es que, si le ofrezco mi boca y después se la quito, vendrá a buscarla. Eso hacemos y un mandarino no va a ser diferente. La pondré en la mesa, la maceta, digo, porque el suelo y mi boca están demasiado lejos. Metro y medio, que para algunos es ser bajita, pero para ella, pobre, que tiene que partir de cero, es un mundo. La dejaré a mi lado mientras escribo, sentada. Y nos separarán, ¿qué?, ¿dos palmos? Yo crecería dos palmos por algunas bocas.

También he visto en el vídeo que hay clavar en la tierra un palo recto para marcarle el camino, pero a eso me niego. Mis besos, aun hoy, no necesitan guía. Y así, cuando todo termine, que es la frase más cobarde, que es promesa sin fecha, porque cualquiera se atreve, ella y yo ya seremos más que una planta y una escritora que dibuja metáforas vulgares de semillas. Seremos las constructoras de un espacio nuevo. Nuestro. Limpio. Un espacio que pique en la nariz. Y entonces, a lo mejor, la vida se abre paso, derramada, con raíces, hacia donde quiera. Y entonces no serás Barcelona ni yo Madrid, no seremos un piso o un parque o una oficina. Seremos un mundo nuevo. Pequeño. Diminuto. Apenas nada. Pero nuevo. Nuestro. Como esa metáfora que busco, esa que nadie ha escrito antes.

 


Es profesora de Escuela de Escritores. Ha publicado la colección Zoila, de literatura fantástica juvenil, la novela Cuando la luna llora y la novela infantil 13 días para arreglar a papá.

Comentarios

  1. Una metàfora pot canviar el món. La delicadesa, també. Gràcies, Chiki, per aquest text tendre i ple de sentit.

  2. Has escrito libros y ahora plantas un piñol besándolo con deseo germinal. Nacerá árbol y será mandarino. Su bella flor nombrará el azahar y el azahar afirmará a la mandarina. Su piel naranja reflejará el sol mediterráneo. Todo eso será.

    Del relato de Mahoma, en tres actos, cito dos, porque dos están recogidos en tu escrito. Y siéndolo, también será.

  3. Quina frescor! La mandarina et cercarà tota la vida, per a què la posis en cada conta, en cada confinada metàfora del teu pensament!
    Et saludo i et felicito! Salut!

  4. ¡Qué bonito! Dan ganas de seguir tu ejemplo y plantar otra semilla para que se convierta en esperanza en estos tiempos difíciles 🙂

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