La heroica espera

Héctor Higuera

Barcelona, ¿cómo estas viviendo la pesadez atosigante de Coronavirus?

A mí se me hace tan insoportable que a veces pienso en dejarle hacer lo que desee. No te preocupes, resisto como Sísifo y su piedra. Aun así, es muy difícil soportar el contacto de Coronavirus. Ya lo sabes. Pegándose a mi cuerpo, tocándome. Con ese traje de licra de superhéroe maligno que marca su barriga, tan ajustado está. Los pechos grasientos y puntiagudos se ciñen debajo de la impresión del traje, donde está escrito C O V I D – 1 9. Insiste en pegarse a mi piel: la grasa que encierra la licra envuelve mis rascacielos de la Castellana y se asfixian en el poliuretano. Por la noche, cuando Coronavirus deja el espacio mínimo para respirar, acaricio la extensa Castellana de mi pierna derecha e intento volver a dar forma a mi Torre Picasso que sobresale como un cuadrado minúsculo. Se desgasta, Barcelona, después de la intensidad con la que Coronavirus se adhiere a mi pierna. Porque la licra de su traje tiene electricidad estática, que incluso remueve el agua verde del Retiro de mi ombligo, generando olas que rebasan sus límites y se derraman sobre mi vientre: el parque; escamas de suciedad caerían hacia mis partes bajas si Coronavirus no me apretase para que nada, tampoco la suciedad, fuera libre. A veces, intento empujarle y estamos tan unidos, como ya sabes, y pesa tanto, que solo puedo inclinar mi pecho, el parque de las Siete Tetas, y hacer fuerza para separarlo, pero estoy tan débil que Villaverde y Usera, siempre pobres de energía, vibran por el esfuerzo y vuelvo a resignarme. Lo peor es tenerlo cerca de mi cara. Sus mejillas redondeadas, abultadas y amorfas, con los pómulos sepultados entre la carne. Cerca de penetrar su lengua en mi boca. Mi respiración se entrecorta y no fluye el aire en Atocha. Mis ojos de Sol se debilitan. Sé que sabes de lo que te hablo.

Hace un mes, me ilusioné, sentí que era el final de esta situación. Conocí a Vacuna. Entre los rollos del cuello de Coronavirus, pude entreverla. Era hermosa. Vestía con un traje de superheroína verdadera, ya sí, de color amarillo, muy brillante, que también se ceñía a su cuerpo, pero esta vez mostrando su musculatura debajo de la licra. Se ofreció a liberarme de Coronavirus, enganchándose a su espalda para tirar hacia el lado contrario. Me fascinaba el reflejo dorado de su traje, sobre todo las letras en su pecho compacto y plano: V A C U N A. Le pregunté cuánto costaría. Ella solo respondió arremangándose las mangas del traje para descubrir sus bíceps sobredimensionados, duros, como si fueran rocas anudadas, por tendones, a los músculos. Certificó que había logrado desenganchar a Guadalajara. Me dejé llevar, Barcelona, contraté sus servicios. Planeamos atacar a Coronavirus por la noche cuando él, supongo que también exhausto, descansaba y se apartaba un mínimo. Aprovecharíamos su distracción. Creo que Coronavirus no entiende el idioma de las ciudades, pero sentí que algo, quizá intuición sensible, le hacía acercarse a mí todavía más.

Por fin, llegó la noche, e hice la señal de guiñar el ojo izquierdo de Sol. Vacuna se enganchó a la espalda y tiró: Coronavirus se retiró un poco. Sentía que podía ocurrir. Pero solo estaba despistado. Al notar la fuerza contraría, Coronavirus se abalanzó en peso muerto sobre mí. Como una ballena arrojada sobre un colchón de plumas. Mi cuerpo no lo sostenía. Caímos. Los dos: Coronavirus y yo. Vacuna intentó levantar del suelo a Coronavirus. Sé que luchó hasta el momento que mis ojos de Sol vieron cómo su rostro negaba con la cabeza y luego huía.

Estoy tirada sobre el suelo de España, Barcelona, esperando mi liberación.

A veces, pienso en el mundo microbiológico: los seres vivos que sobreviven en mis calles y mis bloques. No viviría sin su sistema inmunológico que soporta el cuerpo de Coronavirus.

Zaragoza dice que recibiste la visita de Tratamiento.

Te deseo lo mejor.

Por favor, te pido que, si conseguís que Coronavirus adelgace, le des mi dirección.

Mientras, resistiremos hasta que aparezca otra Vacuna y nos levante.

Aprecio tu amistad, Barcelona.

Madrid.


Nació en Madrid. Ha cursado el Grado en Economía. Participó, por sus inquietudes sociales, en el VII Concurso de Relatos Cortos Libre Mente de la Asociación Agifes, obteniendo el primer premio. Ha sido alumno de los cursos de Relato de Escuela de Escritores, donde cursa el Máster de Narrativa. Forma parte del consejo editorial de La Rompedora, revista del Máster de Narrativa.

Comentarios

  1. Superherois, superheroïnes, afecte, compromís, respecte…, i unes ganes immenses que tot això sigui història i puguem respirar tranquil·lament tot passejant per Madrid, Barcelona i arreu. Gràcies per aquesta mirada prosopopeica.

  2. Me encanta esta lucha en la que, por fin, vemos al Corona. Antes que llegue Vacuna, veo a los supervivientes inmunizados. No te llamaré, iré directamente a festejarlo con el resto de inmunes. Saludos desde Bcn!

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