Hermana:

Ha empezado.

Los últimos días los he visto encerrarse en sus casas como hacen las hormigas cuando se oyen los primeros truenos antes de la lluvia. Al principio estaban confundidos. Unos acaparaban la comida y ese papel que usan para limpiarse mientras que otros seguían bebiendo porfiadamente en sus bares. Ahora, apenas se dejan ver los que tienen balcón.

¿Recuerdas aquellos días, antes de que llegaran, cuando todo era un equilibrio perfecto? Un mono podía colgarse de árbol en árbol desde aquí hasta tus playas. Y los mensajes que nos enviábamos, ¿te acuerdas, querida?, cada cambio de estación, con los gansos y los cisnes que venían desde el norte, tan suaves, tan tranquilos.

Supongo que ellos también tenían que llegar, mortales y fugaces, como los otros animales. Pero con sus pasiones. ¡Ah, de lo que nos hubiéramos perdido sin sus amores y sus odios! ¿Hace cuánto que les tenemos? Para mí ha sido apenas un pestañeo pero, ¿te digo una cosa?, con todo y sus flaquezas, les he tomado cariño. Ya sé que esto es un apego totalmente mundano e indigno de nosotras, las inmortales. Pero no dejo de pensar, desde que empecé esta carta, en la primera vez que les escuché llamarme Madrid. Madrid. «El ombligo». Si supieran.

De todas las criaturas que hemos llegado a ver, estas son, y por mucho, las que más me entretienen. Incluso ahora, cuando me maravillo ante el escándalo que es su ausencia.

¿Has sabido algo de las otras hermanas? Yo no he recibido cartas de ninguna. Imagino que tú también estarás deseando saber cómo han reaccionado los suyos. He visto a los míos pasar miedo a morir solos o a quedarse aquí sin poder decir adiós; al hambre que ya pasan y, aún más, a la que intuyen que les espera. Algunos no paran de quejarse porque están aburridos. No los juzgo. El tiempo es algo que nosotras nunca comprenderemos por completo.

De todo esto hay algo que me fascina más que nada: ¿crees que cambien? Me apetece escribir sobre lo que este otoño podría llegar a ser, si todo fuera para mejor. Es algo que he aprendido de ellos: imaginar. ¿Lo has probado alguna vez? Una manera deliciosa de ver pasar soles, y también lunas. En fin. Veremos qué sorpresas nos dan.

Tuya, mientras nos dure la eternidad,

M.


Es el presidente del Club de Alumnos del Máster de Narrativa de Escuela de Escritores y editor de la revista La Rompedora. Algunos de sus relatos han sido publicados por Enclave, de la City University de NY.

Comentarios

  1. Una carta de tu a tu, de ciutat eterna a ciutat eterna, parlant de nosaltres, els efímers, els sotmesos al temps. Directa i clara. Gràcies, Humberto!

  2. Me ha gustado mucho esta visión, desde la inmortalidad, con el escepticismo de lo eterno, con la certeza de la anécdota que es la historia y un ápice de curiosidad: quién sabe qué podemos hacer aún los humanos? Habrá que verlo, hermana M.

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