Madrid nublada

María del Mar Hernández

Barcelona de mis pesares, ¿qué será de nosotras?, ¿qué hará mi gente si en tus faldas hechas de mares no se pueden perder este verano? La gente reclama tus aguas y yo con mis montañas dejo de ser suficiente ahora que mi sol infernal empieza a acecharlos. Puedo escuchar sus pasos en la distancia.

Míranos, tan desiertas, tan olvidadas, tan hundidas en el silencio. Me siento perdida. A mí es que el bullicio me tranquilizaba. ¿Recuerdas cómo nos quejábamos de los borrachos cada vez que bañaban de cerveza y de sus meados nuestras aceras? Pues eso, comparado con lo que me hacían reír con sus juergas y ocurrencias, ya no me parece tan grave del todo. Puedo decir que hasta extraño los rayones en mis paredes y las peleas en pleno Lavapiés.

También me he dado cuenta que mis ancianos están desapareciendo. Mira que hay unos que antes del virus, hubiera apostado a que resistirían una vez más las movidas madrileñas, pero cada vez veo más bastones sin dueño.

No me tomes a loca, aunque estoy empezando a sentirme como tal. Te prometo que esto se ha vuelto una menuda faena. Hace poco me enteré que la Gran Vía y la plaza de Sol sufren de ansiedad desde que dejaron de escuchar los cánticos de los músicos callejeros. Ruegan por sentir los taconazos de las mujeres corriendo para llegar a su reunión de trabajo o sus gritos al regresar de una noche de copas en busca de lobos, en espera de mis amaneceres. Como si no fuera suficiente, el Retiro, lleno de culpa al observar a los pavorreales pellizcar con sus garras la jaula de hierro, los aventó a mis calles con aquellas plumas de seda lejos de sus ojos tristes.

Es que de verdad estoy hecha polvo. He estado nublada desde que la pandemia detuvo los juegos de los pequeños brincando sin cesar como si creyeran en un futuro sin problemas. A veces quisiera ser como ellos y dejarme llevar por la ilusión de que todo esto pasará. Pobres críos, cómo han cambiado las cosas. Ahora los miro llorar a través de sus ventanas y escucho cómo le ruegan a sus padres por salir a danzar por mis venas.

Aunque pienses que te odio por desviar la mirada hacia nuestra madre, espero te encuentres mejor que yo. Lo digo desde lo más profundo de mis cielos.

¿Tú crees que esto acabe pronto? Dime que sí, necesito de la energía que brota de tus olas, los aplausos ya no me bastan para levantar el ánimo.

P.D. Extraño sentirte cerca, aun estando tan lejos.


Nació en México y actualmente reside en Madrid, donde cursa el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. También forma parte del consejo editorial de La Rompedora, revista del Máster de Narrativa.

Comentarios

  1. La escritura detalla el dolor y la incertidumbre de un país. Mucho éxito y q sigas pintando los libros con tu gran sentir. Felicidades

  2. «Post nubila, Phoebus». Amb el desig que torni aviat a brillar el sol, després de tanta nuvolada espessa…

  3. Muy profundo ** el sentir de Maria del Mar ***** Un Grito de Reclamo ** de sus ANCESTROS *** A Travez de su sentir Actual ***********Y Sus vivencias *** de SU SENTIR ***

  4. Muy buena, me encanta!
    Felicidades Mar!
    Sigue adelante. El camino te llevará a la meta deseada. Un beso, tía Rebeca.

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