Confesión

Marta Ferrere

Me prometí mil veces no escribir. Olvidarte, desterrarte, cortar contigo para siempre. Usé todos los recursos que se me ocurrieron: montar escenitas absurdas, acusarte de todos mis males y, de paso, de los del planeta; hablar mal de ti a todo el mundo, despreciarte en público, hacerte sentir prescindible; recurrí a la mentira, la violencia… Cualquier cosa que se me ocurrió. Cualquiera que me desviase del camino que estoy emprendiendo al confesarme, en las primeras horas del día y borracha, y que me lleva en otra dirección, no sé cuál, ya sabes que siempre he alardeado de tenerlo todo aunque, en realidad, soy una provinciana, pero una experta disimulándolo, eso sí.

Cariño, te quiero. Lo sabes, ¿verdad?, ¿verdad que lo sabes? Te quiero en todo, también en tus estupideces porque nos parecemos en esto lo mismito que nos diferenciamos en tantas cosas.

Ahora tenemos en común una más que es este maldito virus que nos obliga a no tocarnos, a no pegarnos e insultarnos a través de una mascarilla manteniendo una distancia de seguridad.

Non fotis, dirías tú… ay, amor, y yo antes protestaría y te diría que a mí me hables en la lengua de Cervantes y, ahora, mataría por ver cómo susurras palabras lascivas a la Cibeles en tu catalán dulce y cantarín.

Si pudieras verme, no me reconocerías: estoy echando un culo espantoso, cada día parezco más sindrómica, una especie de compendio de rasgos en los que la papada y el tronco han cobrado dimensiones extraordinarias y las venas y arterias, antes recorridas mil veces por vehículos, se han vaciado; las extremidades han dejado de tener importancia y los gases de miedo rugen por el vientre distendido; como las imágenes esas de los niños negros con moscas en la boca, sólo que en vez de negra soy blanca y, en vez de una niña, una vieja asustada. Ya no te quiero comentar el tema de las palomas, que parecen haber tomado todos los tejados, y los chorretones blancos de sus cagadas se escurren por los patios de luces sin que nadie pueda hacer nada.

Amor, ¿tú crees que saldremos de esta? Dímelo, ahora ya no importa nada, olvídate de todo lo que nos dijimos: eran pequeñeces de cuando nos sentíamos invencibles y pensábamos que podríamos vivir para maltratarnos siempre. Pero ya no, mi amor, ya no, este maldito bicho no respeta ni los barrios más chelis ni los hospitales mejor dotados. Si no ha respetado los bares, ¡los bares!, ¿cuándo pudimos imaginar que los cerrarían y haríamos bizcochos en casa mientras abrimos la tercera botella de vino?

Dime, amor, ya sé que la sinceridad está sobrevalorada así que no me creeré ni una de las palabras que me respondas. Porque me vas a responder, ¿verdad que sí?, ¿verdad que vas a responderme? Venga, si quieres, te dejo que lo hagas en catalán o mándame un mensaje de esos con emoticonos chinos. Aunque deberíamos hacer boicot a todo lo chino; no porque ellos tengan la culpa de esto, pero hay que seguir indignándose contra algo o alguien y los chinos son muchos y pueden repartirse nuestra carga y, además, están muy lejos.

Entonces, ¿qué?, ¿quedamos cuando pase todo esto? No se lo decimos a nadie, te lo juro, no se entera ni la tuya ni el mío.

Ahora me voy a dormir, me he bebido la última copa de vino. A ver si cuando despierte descubro que todo esto ha sido un sueño y sigue habiendo carteristas en Sol y tú me cuentas que lo mismo sucede en Las Ramblas.

Dime cómo te encuentras y mándame una foto, por favor, aunque estés horrible. Mándame una foto del mar, ya sabes lo que me gusta y ahora la playa de la Barceloneta debe de estar impecable.

Te extraño y t´estimo. Molt.

Madrid


Nació en Vigo y es licenciada en Farmacia. Ha vivido muchos años en Ibiza y ahora reside en Madrid, donde cursa el Máster de Narrativa de Escuela de Escritores.

Comentarios

  1. Carta directa i clara on queda ben palès que tot és perdonable quan les dimensions de la tragèdia han arribat a tal punt que res no sembla greu. Un text fresc i amb un punt d’humor que s’agraeix.

  2. Me encanta. Narra exactamente la locura de un amor con adicciones, la locura de amar y querer matar a alguien al mismo tiempo… Pero no hay nada que una pandemia mundial no relativice… Grande Marta

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