Madrid no se detiene

Virginia Ruiz

Querida Madrid:

Me cuenta un amigo que tenías escondida la primavera debajo del asfalto y que hace días comenzó a brotar la hierba debajo de los adoquines. Que caminando por Madrid puedes encontrarte una amapola que ha crecido debajo de una baldosa o alguna violeta que se abre paso en la calzada. Me cuentan que en Semana Santa Madrid era de los insectos y que si andas en moto los pájaros vuelan tan cerca de ti que parece que te acompañan, que la calle es suya y no nuestra. La vida humana sucede dentro de las ventanas y en los balcones y la primavera tomas tus calles y los animales por fin te pasean y te disfrutan.

Yo solo tengo ojos para verte a través de mis amigos, porque cuando los cierro, recuerdo el olor a calamares, a chocolate caliente y a vino de taberna recorriendo tus calles, el trasiego de la gente, el bullicio de los coches. No te he conocido de otro modo.

Me cuenta otro amigo que tú que siempre detenías, siempre llena de personas, de voces, de luces, de coches, de baches, de cruces, de túneles. Ahora no. Que ahora eres Madrid sin detenimiento. Y que tú que siempre esperabas y cambiabas, ahora ni siquiera parece que esperes algo, alguien.

Madrid, me cuentan que impacta tu silencio de desierto y me consta que muchos se han acostumbrado tanto a él que les costará volver al ruido de los coches, a los pitidos del autobús y de los taxis, a los gritos de las personas que regresan de madrugada a sus casas, aunque echan de menos las voces de los niños jugando en los patios del colegio. También cuentan que se volverán a acostumbrar al bullicio. A todo nos acostumbramos.

Y que tus descampados están llenos de flores silvestres, hinojo y hierbas.

Qué contradictorio parece todo. Nosotros detenidos, observándote por la ventana, tantos que se han ido, y la vida explosionando ahí fuera como nunca antes lo había podido hacer.

Algunos te lloran Madrid, cada vez que te miran. Algunas personas te miran y lloran, cada día, mientras las golondrinas anidan en los canalones de las casas y de sus huevitos nacen nuevas golondrinas.

Me dicen que hay títeres escondidos dentro de los teatros que también se echan las manos a la cara y lloran.

Y que estás más limpia que nunca, que hacía años que no se veía la sierra desde ti y que el cielo está tan limpio que parece del siglo VII, así me lo cuentan. Y a veces lloran, ya te digo. Mi amigo Juan me cuenta que ha disfrutado mucho de tus detalles y que no exagera cuando me dice que lloró el otro día porque te habías pasado la mañana lloviendo y a mediodía salió el sol y él tendió la ropa y a las 17 de la tarde ya estaba seca. Y que ha visto como a los árboles del patio del cole de enfrente, de hoja caduca, les empezaban a salir hojas y que incluso uno de ellos estuvo morado de flores un par de semanas. Me dicen que han disfrutado mucho de ver cómo iba girando el sol en tu cielo y que han esperado con calma esos momentos en lo que poder sentarse media hora a leer en la ventana disfrutando de asolearse un poco.

Saben que todo pasará, igual que pasó lo otro. Que igual que se acostumbraron a tus prisas y a tu ritmo frenético, se han acostumbrado a mirarte por la ventana. Lo único que echamos de menos todos, y en esto me incluyo, es lo de abrazarnos, ya sabes, y eso, el día que podamos hacerlo, yo creo que hasta tú vas a llorar, Madrid, igual que has llorado la pérdida de cada uno de tus hijos.


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Su primer libro de relatos se publicará próximamente por la editorial Pepitas de Calabaza. Es profesora de relato y escritura creativa en Escuela de Escritores desde 2006 y coordina su sede en Logroño desde su creación en 2019.

Comentarios

  1. Tot passa, bo i dolent, i aquesta veritat és alhora consol i tragèdia. Resten, tanmateix, les paraules quan queden en el record de qui les ha dites, escoltades, escrites o llegides. És poca cosa, potser, però això i els afectes, les abraçades, és l’únic a què ens podem aferrar quan tot sembla que trontolla damunt i sota l’asfalt de les nostres tristes o alegres ciutats.

  2. Virginia! Qué belleza. He llorado con Madrid y contigo. Besos desde Buenos Aires

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